julio 16, 2024
Sociedad

Un muro de soldados

La incertidumbre por la posible suspensión del Título 42 rompió con una imagen poco alentadora: soldados y alambres de púas al otro lado de la frontera.

Por Favia Lucero / YoCiudadano

Ciudad Juárez, Chihuahua.— En el agua del Río Bravo se ve el muro que divide a México y Estados Unidos. Unos pies descalzos interrumpen el reflejo mientras cruzan. Son venezolanos que llevan comida para las personas que durante horas han esperado una respuesta del lado estadounidense, pues un despliegue militar de la Guardia Nacional de Texas les impide acercarse a la zona por donde antes se entregaban a las autoridades migratorias.

Un soldado habla a través de un megáfono. Las personas —originarias de Colombia, Nicaragua y otros países de Centro y Suramérica— se aglomeran junto al alambre de púas instalado a lo largo de varios metros del río. “No les dijeron nada bueno porque ya se están regresando”, dice un hombre guatemalteco que observa todo de este lado de la frontera.

Un joven venezolano que camina sobre el agua sucia y helada trae el mensaje: “Ya les dijeron que no van a poder pasar por aquí. Que se vayan al puente, pero que por aquí no”. Varias personas lo escuchan con atención. Algunas se quejan y otras se retiran.

Vehículos militares tipo Humvee y decenas de soldados permanecen detrás de la separación improvisada que se instaló ayer por la mañana, y aunque las familias migrantes de repente aplauden, gritan que tienen frío y piden que les dejen pasar, son ignoradas.

Algunas personas se animan a cruzar el río y esperar. Saben que si les da hambre o sed podrán pedirle ayuda al grupo de venezolanos que cobran por llevarles comida. Una persona también vende calcetines secos para quienes se mojaron y otra más vende cigarros.

Fotografía: Favia Lucero

“Nosotros no queremos cruzar porque somos de Venezuela”, dice un hombre que se toma un descanso del nuevo trabajo que consiguió: ayudar a las familias que viajan con infancias a cruzar el río. Aunque no está profundo, prefieren cargar a las niñas y niños para que no se mojen, pues por las noches las temperaturas bajan aún más.

El tema del clima les preocupa. Uno cuenta que ya ha dormido a la intemperie y que sintió que se le caían las uñas del frío. “La gente buena de Juárez me regaló una chumpa”, agrega mientras se cierra la chamarra. Otro dice que les podría dar hipotermia si no encuentran dónde pasar la noche.

Hace casi un mes, el gobierno municipal de Juárez retiró el campamento de personas venezolanas que se encontraba en el bordo. Con uso de la fuerza, agentes de la policía municipal quitaron las carpas en donde dormían y tiraron las pertenencias de muchos de ellos. Entre otros motivos, el operativo se hizo por el riesgo de incendio que representaban las fogatas que hacían las personas para mitigar las bajas temperaturas.

En esa ocasión, el alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, exhortó a las poblaciones en movilidad a resguardarse en los albergues del gobierno federal y municipal, tal vez sin comprender que la falta de información oficial es la que orilla a las personas a soportar climas extremos, hambre y otros riesgos.

Fotografía: Favia Lucero

“Ante la falta de confianza en las autoridades y con base en sus experiencias, era la única manera de estar protegidas y esperar la respuesta de Estados Unidos para poder ingresar de manera regular”, dijo en esa ocasión el área de Incidencia de la organización civil, Derechos Humanos Integrales en Acción (DHIA).

Ayer, el gobernador de Texas, Greg Abbott, instruyó el despliegue militar y solicitó al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que enviara a más elementos a El Paso para atender “la grave crisis fronteriza”.

Sin embargo, el administrador adjunto de la ciudad de El Paso, Mario D’Agostino, aseguró que el operativo de la Guardia Nacional texana solamente era un “ejercicio de entrenamiento” y que al finalizar debían retirarse. “Van, se instalan, hacen el entrenamiento y deberían recoger todo. La ciudad no tiene participación en ese evento, es algo normal para ellos”.

Este tipo de despliegues no es inusual para la comunidad fronteriza. En enero de 2019, en medio del éxodo de las primeras caravanas migrantes, la Patrulla Fronteriza realizó un entrenamiento frente al muro divisor de Sunland Park. Montados en caballos, agentes de la “Border Patrol” lanzaron granadas de humo, derribaron a una persona que fingía ser migrante. Todo esto ante los ojos de familias juarenses que viven en Rancho Anapra.

En esa ocasión, como en esta, los entrenamientos del gobierno de Estados Unidos enviaban un mensaje a quienes esperan sentados en ambos lados del río, a las personas que están buscando dejar su país por la violencia, por problemas económicos y políticos. Y a las autoridades de otros países.

Aunque para los adultos la situación de incertidumbre es agobiante, las niñas y niños que permanecen en la orilla de Ciudad Juárez, juegan, corren y se persiguen entre ellos. Una pequeña se entretiene con arena que recoge con un vaso desechable, otros usan un cartón para deslizarse por la pendiente de concreto que da al río. A unos metros de su destino, el panorama indica que su viaje está lejos de terminar.

Fotografía: Favia Lucero