junio 21, 2024
Investigaciones

Vamos por ellas y ellos: una segunda oportunidad de educación para las juventudes

A través del programa ‘Vamos por ellas y ellos’, la asociación civil Desarrollo Juvenil del Norte (DJN) trabaja por la reinserción escolar y social de juventudes en situación de vulnerabilidad.

Por Elizabeth Ramos / YoCiudadano

Ciudad Juárez, Chihuahua.— Como muchos adolescentes de su edad, Cristina Marlén, de 15 años, tuvo que abandonar sus estudios por causas ajenas a ella. En su caso, los constantes cambios de ciudad y algunas problemas familiares la orillaron a pausar su educación.

Hace un año, ella y su familia regresaron a Juárez en circunstancias difíciles. No contaba con los documentos ni los recursos para retomar su educación. Además, por su edad y los tiempos escolares no pudo ingresar a la secundaria de manera regular, lo que le hizo imaginar que ya no volvería a la escuela. 

Sin embargo, pasados algunos meses, su interés por seguir estudiando la llevó a conocer el programa ‘Vamos por ellas y ellos’, en el que actualmente cursa junto a otros adolescentes la secundaria de segunda oportunidad que ofrece la asociación civil Desarrollo Juvenil del Norte (DJN), cuyo objetivo es la restitución de derechos y la reinserción escolar y social de las juventudes.

Meses atrás, su personalidad sería irreconocible. Hoy la vida de Marlén se ha transformado. En el salón de clases, sentada junto a sus compañeros, de manera atenta toman nota sobre los temas del día: dignidad, derechos y obligaciones.

Foto: Abraham Rubio

‘Vamos por ellas y ellos’ surgió en 2020 para hacerle frente a la deserción escolar, que aumentó durante la contingencia sanitaria por la pandemia de Covid-19.

Después de 4 años, el programa ha obtenido reconocimiento entre la comunidad y las escuelas por su modelo de intervención semiescolarizado, dirigido a adolescentes de 14 a 17 años, que por diversos factores de riesgo no están en el sistema educativo formal.

Por otro lado, a través del Centro de Atención Integral Salesiana (CSI), bajo el mismo programa de secundaria de segunda oportunidad atiende a jóvenes en conflicto con la ley, que cumplen una medida cautelar de externamiento o que pasaron por una medida de internamiento en el Centro de Reinserción Social para Adolescentes Infractores (Cersai), y a los que un juez les indicó retomar sus estudios.

Foto: Abraham Rubio
 Violencia, pobreza y adicciones: factores de riesgo

La familia de Marlén –conformada por su hermana, su madre y la pareja de su madre– migró de Ciudad Juárez a la Ciudad de México cuando ella tenía 7 años. A su regreso se asentaron en el norponiente de la ciudad, en la colonia 16 de Septiembre, una de las tantas zonas del municipio que carece o tiene poco acceso a servicios públicos básicos, calles, banquetas, parques y escuelas, y que además presenta altos índices de violencia.

En esta colonia también se encuentra el Oratorio Don Bosco, uno de los centros de Desarrollo Juvenil del Norte A.C., y a donde acude Marlén para estudiar. 

Elizabeth Mendoza, coordinadora del proyecto de reinserción educativa de DJN, explica que existen varias problemáticas que orillan a las y los jóvenes a dejar sus estudios, la mayoría ajenas a ellos.

Gran parte de los factores de riesgo tienen que ver con que las y los jóvenes viven en un núcleo familiar inestable y/o de violencia. A esto, se suma que los adolescentes están más expuestos al consumo de drogas y a ser reclutados por el crimen organizado. También son víctimas de bullying y enfrentan problemas familiares y económicos que los obligan a trabajar y dejar sus estudios.

Oratorio Don Bosco / Foto: Abraham Rubio

“La mayoría de los jóvenes que entran al programa llegan de dinámicas familiares complicadas, de procesos violentos en la secundaria. Muchas veces los expulsan porque se pelean, pero expulsan al que agreden y no al agresor, entonces también llegan con cierto rezago educativo un poco más serios”, explica Elizabeth Mendoza.

 Además, resalta que una de las problemáticas más latentes al norponiente de la ciudad es que los adolescentes son reclutados por grupos que se dedican al tráfico de personas. Ante la vulnerabilidad y necesidad, los jóvenes acceden y abandonan la escuela.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Acceso y Permanencia en la Educación (ENAPE 2021), se estima que de la población de 3 a 29 años no inscrita en el ciclo escolar 2021-2022 (22.3 millones), 19.4 millones no se inscribió tampoco en el ciclo escolar anterior. De esta cantidad, se identificó que 1.8 millones de personas (9.5 por ciento) nunca habían asistido a la escuela.

Los motivos principales varían de acuerdo con los grupos de edad, pero en la población de 12 a 29 años las razones que más predominan son discapacidad física y mental; tenían que trabajar o entró a trabajar; por falta de dinero o recursos; y por último, por enfermedad o problemas de salud física o emocional (afecciones cardíacas, cáncer, depresión o ansiedad).

De acuerdo con el informe del ciclo escolar 2021-2022 de Servicios Educativos del Estado de Chihuahua (SEECH), los índices de deserción escolar en Juárez han ido en aumentó en primaria, secundaria y preparatoria, en comparación con los últimos tres ciclos.

En el ciclo escolar 2017-2018 el porcentaje de deserción en primaria fue de 0.20 por ciento, en secundaria de 4.70 por ciento y en preparatoria de 11 por ciento.

Para el ciclo 2021-2022, el último del que se tienen datos, el abandono escolar en primaria era del 0.77 por ciento, en secundaría 5.28 por ciento y en preparatoria 13.32 por ciento.

El Informe Así Estamos Juárez 2023 señala que la cantidad de estudiantes disminuyó en los últimos dos ciclos escolares reportados de primaria, secundaria y preparatoria: en el ciclo 2020-2021 había 164 mil 642 estudiantes en primaria; 79 mil 835 en secundaria y 59 mil 136 en preparatoria. Durante el ciclo 2021-2022, se registraron en primaria 163 mil 976 estudiantes, 79 mil 333 en secundaria y 57 mil 790 en preparatoria.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la deserción escolar también disminuyó en el estado de Chihuahua, con base en los datos disponibles de los últimos dos ciclos escolares.

Del ciclo 2021-2022 se tenía un porcentaje de abandono escolar en primaria del 0.70; en secundaria del 5.90 por ciento y en preparatoria de 13.14 por ciento, mientras que en 2022-2023 el porcentaje en primaria se mantuvo en 0.70 por ciento, disminuyó a 3.5 por ciento en secundaria y en preparatoria bajó a 10.9 por ciento.

Buscan la restitución de derechos y la reinserción educativa de adolescentes

Miranda Salazar, docente del programa ‘Vamos por ellas y ellos’, comenta que la mayoría de las y los jóvenes que ingresan lo hacen con mucho rezago escolar, aunado a problemas emocionales, familiares o económicos, que los orillan a no querer seguir estudiando.

La falta de tiempo de los padres para atender la educación y necesidades de sus hijas e hijos en la escuela es otro factor: “La mayoría de ellos vienen expulsados por faltas o riñas y esto es ante la falta de constancia de una familia (…) los padres la mayoría tienen que trabajar, ya sea en la maquila”, refiere Miranda.

Otra situación que han detectado es que las y los jóvenes tienen que atender situaciones en casa, como cuidar de sus hermanos menores, o empiezan a trabajar por necesidad.

Miranda Salazar, educadora de Vamos por ellas y ellos / Foto: Abraham Rubio

“Nosotros trabajamos mucho la reinserción social, porque ellos llegan aquí con el sentido de que ya vienen dañados emocionalmente; muchos de ellos ya ni siquiera querían estudiar y nosotros los impulsamos, les damos las herramientas para que salgan adelante”, comenta la educadora.

A través de un modelo semiescolarizado adaptado a sus necesidades, en ‘Vamos por ellas y ellos’ se les brinda una carga de materias para regularizarles, además de atención interdisciplinaria como trabajo social, acompañamiento psicosocial, talleres de habilidades para la vida, artes y terapia grupal e individual.

Además de retomar sus estudios, Marlén encontró un espacio en donde atender su salud mental y hacer deporte, pues a raíz de los cambios de ciudad y la incertidumbre de quizá nunca retomar la escuela, relata haber vivido ansiedad y depresión.

“Esos cambios me hicieron acelerar mi ansiedad. La estuve controlando aquí en el Oratorio, por eso también fue lo que me gustó, porque tuve el apoyo también de la escuela, de tener el apoyo de la psicóloga y cambié demasiado aquí adentro, porque antes era así muy callada, no socializaba nada, o no me daban ganas de nada”, relata Marlén.

Foto: Abraham Rubio

Las y los adolescentes que ingresan al programa pueden acceder a otros servicios y talleres para la restitución de sus derechos. Se ofrecen cursos de artes o de habilidades para el trabajo, y cada uno de los jóvenes lleva un proceso terapéutico acorde a sus necesidades y contexto.

Elizabeth Mendoza menciona que, a diferencia de la educación formal, ‘Vamos por ellas y ellos’ está pensado en el estudiante, en atender las necesidades tanto educativas como de integración emocional e interdisciplinaria. Destaca que el programa va en su cuarta generación y para este año se estima que gradúen 80 adolescentes de secundaria de los diferentes oratorios de Desarrollo Juvenil del Norte A.C.

Este año Marlén se graduará de la secundaria y pronto ingresará a la preparatoria. Su plan de vida es seguir estudiando y continuar jugando basquetbol, uno de los deportes que le gusta practicar. Piensa que los jóvenes necesitan más oportunidades que los ayuden a no dejar de estudiar. 

“Yo veo que muchos tienen ganas de estudiar, pero por algo no pueden, y hay que buscarles el apoyo o hacer talleres. Muchos dicen que no pueden porque trabajan, pero yo les digo: estudia, escápate y vete en las tardes en la abierta, pero estudia”. concluye Marlén.

Foto: Abraham Rubio