junio 16, 2024

Tenemos todo en contra para sembrar: ejidatarios del Valle

Ciudad Juárez, Chihuahua.— Junto al Río bravo, de manera paralela al muro que divide México y Estados Unidos, Juárez hacia El Porvenir, corre un canal y enseguida una carretera. Por el camino, si uno va hacia el oriente, no encuentra un paisaje sino un conjunto de paisajes. La parte que se encuentra entre el canal y el río es muy verde. Uno tras otro se ven los campos donde crece el algodón, la alfalfa, el sorgo, y en algunos casos el trigo. La parte que está hacia el sur junto a la carretera es una fusión de campos de siembra y a ratos sierra y a ratos desierto e incluso dunas de arena finísima a la que llaman los arenales. Desierto, sierra, valle, río, acequias, canales, dunas, pozos, carretera y poblados comparten este espacio. De Loma Blanca a El Porvenir, poblado tras poblado, ejido con ejido, la unión de tres municipios: Juárez, Guadalupe Distrito Bravos y Práxedis G. Guerrero, conforman la zona conocida como el Valle de Juárez. Alrededor de 70 kilómetros existen entre Loma Blanca y El Porvenir. En un punto más cercano a Juárez que al Porvenir hay dos hombres sentados en una plaza. Uno robusto, de piel morena y manos anchas, le dice a otro con el tono rememorativo de quien no busca soluciones sino repetir algo que ya sabe: —Nosotros tenemos toda en contra para sembrar. —Sí, tenemos todo en contra —responde el otro. Ambos son ejidatarios. Tienen campos para sembrar que trabajan hace más de 30 años, campos que cada año dan menos ganancia e implican más esfuerzo y sacrificio, aseguran. Los dos piden no decir su nombre. El Valle es un lugar peligroso para dar entrevistas, coinciden. Los campos agrícolas de la ciudad y alrededor de la mancha urbana han ido perdiendo terreno frente a la expansión de la ciudad y las industrias. Han perdido valor, y están en el olvido de la agenda política de sus municipios, del Estado y de la Federación, dicen los ejidatarios. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) la actividad agropecuaria del Municipio de Juárez —que comprende los poblados y ejidos del Valle de Juárez hasta donde empieza Guadalupe Distrito Bravos— va en decremento. De 3 mil 390 personas ocupadas en el sector primarios (agricultura y ganadería) en el Municipio durante 2010, quedaban mil 876 para 2015; es decir, el 55 por ciento dejó de trabajar en el sector primario, menos de la mitad quedaron al pasar cinco años. Y aunque para 2010 representaba una mínima parte de la población ocupada, con un .66 por ciento de las 516 mil 908 personas ocupadas, para 2015 pasó a ocupar el .33 por ciento de 575 mil 899, es decir, creció el nivel de ocupación general, pero decreció el sector agropecuario. En contraparte los empleados de la industria maquiladora, que en 2010 atravesó una crisis derivada de la recesión en Estados Unidos y perdió alrededor de 90 mil empleos, tenía 195 mil 287 empleados, de acuerdo con el Inegi. Para 2015 tenía 248 mil 323 empleados: 53 mil 035 más en cinco años. Ahora la industria manufacturera reporta 297 mil 139 empleados. A pesar de que perdió casi 3 mil empleos cada mes en marzo, abril y mayo, en junio recuperó 3 mil 661, de acuerdo con datos de Index Juárez. Los dos hombres que están sentados en una plaza de algún poblado del Valle de Juárez cercano a la ciudad tienen más de 70 años de edad. Uno tras otro candidato han visto pasar suficientes como para creer que las cosas que prometen no van a cambiar. El rango de edad más desesperanzado en cuanto a la economía es el de personas mayores de 60 años. El 28.7 por ciento de las personas mayores de 60 dice que su situación económica ha empeorado mucho en los últimos cinco años, de acuerdo con con la Encuesta de Percepción Ciudadana de Así Estamos Juárez. En contraparte sólo el 3.1 por ciento dijo que estaba mucho mejor. Sólo el 8 por ciento de las personas mayores de 60 años dijeron que el dinero les alcanza bien y pueden ahorrar. El 51 por ciento dijo que les alcanza justo, el 30 por ciento dijo que no le alcanza y tiene dificultades y el 7 por ciento dijo que no le alcanza y tiene grandes dificultades económicas. Y, sin embargo, por más desesperanzador que pueda lucir el panorama, los mayores de 60 años son quienes menos veces han pensado en irse de Juárez.  El 73 por ciento asegura que nunca ha pensado, en el último año, dejar la ciudad.

“Hace como tres años que no se vende todo el algodón. Fíjate, el diesel costaba 5 pesos el litro hace 30 años y el algodón lo vendíamos en 70 dólares el quintal (46 kilos). Ahorita se vende en lo mismo, pero el diesel cuesta 20 pesos o más”, dice uno.

Y dice 20 pesos o más porque el precio no es seguro, a pesar de que el diesel se vende en Juárez en 19.06 al día de hoy. La gasolinera más cercana de los poblados del Valle de Juárez está en Ciudad Juárez, por lo que tienen que trasladarse a la ciudad. Pero si de regreso la policía los detiene, les quitan el diesel porque está prohibido transportarlo. No hay gasolineras, pero no lo pueden transportar. Sin embargo, aseguran, hay un mercado clandestino de personas que se dedican a transportar diesel al Valle y que lo venden más caro. Por eso el litro les cuesta más de 20 pesos. “Y ya la Policía está arreglada con ellos”, dicen. Para uno de los ejidatarios que tiene un terreno de 10 hectáreas, es decir dos veces y media la Plaza de la Mexicanidad, aproximadamente, dice que un tractor le gasta 100 litros diarios y lo utiliza hasta 6 días a la semana dependiendo la temporada. Es decir 600 litros a la semana: más de 12 mil pesos en diesel en ese periodo. Otro problema es el agua. A través de la Convención de 1906 Estados Unidos entrega 36 millones de metros cúbicos de agua del Río Bravo, que baja por Nuevo México, a México (antes le entregaba 74 millones de litros cúbicos). Esa agua que corre por el Río Bravo es aprovechada por los ejidatarios que están junto al río y más los primeros que la reciben donde inicia el Valle de Juárez. Pero este ejidatario que está aquí, cuenta que su terreno no está junto al río, sino al otro lado de la carretera, hacia el sur. Tiene un pozo y sacar el agua del pozo para regar una vez le cuesta 8 mil pesos de luz, que cobra la Comisión Federal de Electricidad, y para una siembra, por ejemplo de alfalfa, necesita dos riegos que duran 15 días: 16 mil pesos. Con esos dos riegos hace un corte, hace siete cortes por año, 112 mil pesos de luz. A esto se le suma el costo de los fertilizantes que para 10 hectáreas es de aproximadamente 12 mil pesos. Y la semilla. Y el empleado. Y siguen vendiendo al mismo precio de hace 30 años, dice. “Todo está bien caro”, dice ya un poco serio, “100 dólares un costal de algodón del más barato, el transgénico está en 300 dólares, para nosotros los jodidos es de a 100, para eso nos alcanza”. —El mismo gobierno nos chinga— se enoja. —Nomás nos chingan— responde el otro, como haciendo eco.