julio 20, 2024
Sociedad

“Los llevamos en el corazón”, a 2 años del asesinato de los padres jesuitas en la Tarahumara

Con una caravana, baile, oración y testimonio, las comunidades de la Sierra Tarahumara en Chihuahua recordaron a los padres jesuitas asesinados hace dos años en la comunidad rarámuri de Cerocahui. La Compañía de Jesús exige una atención especial a la zona y solicita a la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, retome el diálogo con la organización religiosa para reconstruir la paz y el tejido social en el país.

Texto y fotografías de Óscar Rosales / Raíchali

Chihuahua.— Al padre jesuita Javier Campos Morales, “El Gallo”, se le recuerda como muy bromista, aunque un poco olvidadizo, era un hombre muy cariñoso que disfrutaba mucho cantar y el agua de toronja. Por otro lado, al padre Joaquín César Mora Salazar, “Morita”, se le describe como alguien bastante paciente, un sacerdote muy meticuloso, que tocaba la flauta y no perdía ninguna oportunidad de comer un filete empanizado.

Con sus diferencias, quien les conocieron concuerdan que a ambos les caracterizaba algo en común: su entrega por completo a los pueblos de la Sierra Tarahumara, hasta su último segundo de vida en la parroquia de la comunidad de Cerocahui, lugar donde fueron asesinados el 20 de junio del 2022.

Ese día también secuestraron a los hermanos Berrelleza, Paul y Armando. A Paul lo encontraron muerto el 7 de julio. Su hermano sigue vivo, pero ahora es testigo protegido.

Para conmemorar la obra y vida de los jesuitas originarios de Monterrey, personas indígenas y mestizas se reunieron durante la mañana del pasado miércoles 19 en la carretera de Pito Real, pueblo donde fueron encontrados sus cuerpos. Ahí, se bailó pascol y matachín, los bailes tradicionales del pueblo rarámuri.

Junto a las cruces de ellos se encuentra la de Pedro Eliodoro Palma Gutiérrez, el guía de turistas a quien los padres intentaron proteger de José Noriel Portillo, alias “El Chueco”. El líder criminal del Cartel de Sinaloa estaba furioso porque un día antes perdió el equipo de beisbol al que patrocinaba. Noriel persiguió a Pedro hasta la parroquia de Cerocahui y fue ahí donde asesinó a los tres y se llevó los cuerpos. No fueron localizados hasta dos días después.

Después del baile y la oración en Pito Real, arrancó la segunda Caravana por la Paz, un esfuerzo colectivo que inició desde el año pasado para transformar el miedo y terror que vivió aquel día la Tarahumara, en amor y esperanza.

Encabezado por dos marcos con sus retratos, el recorrido cruzó por las comunidades de San Rafael y Bahuichivo, hasta llegar a la ermita de la Virgen de Guadalupe, poco antes de llegar a la comunidad de Cerocahui. En cada uno de esos lugares ubicados en el municipio de Urique, también se bailó pascol y matachín, se hicieron porras por los padres, y se cantó en honor a los jesuitas.

“Le encantaba la sierra (…) toda la gente lo quería”, afirma José Urbano Villalobos, carpintero de Cerocahui y amigo del padre Javier Campos.

Con guitarra en mano, que tocó durante cada danza de la caravana, Urbano relata como el padre Gallo lo invitó de viaje en numerosas ocasiones a estados como Veracruz y Chiapas. El recuerdo que más atesora con él es de cuando fueron juntos a la Basílica de Guadalupe en Ciudad de México, donde tocó con otros amigos de un pequeño grupo musical.

A José le resulta gracioso como las personas creen que él y el padre Campos eran familiares, puesto que guardan un gran parecido físico.

“Nos preguntaban si éramos familiares ¿Sabe qué éramos? Íntimos amigos (…) en lo que el podía, el me ayudaba”, cuenta el carpintero de Cerocahui.

La segunda Caravana por la Paz en honor a los jesuitas llegó a la comunidad de Cerocahui alrededor de las siete de la tarde del miércoles. La parroquia de San Francisco Javier, donde donde residen las tumbas de los padres, hizo sonar sus campanas para recibir a las casi 300 personas que la conformaban.

Yamiwé, las huellas de Javier y Joaquín

“Traía su libretita, me preguntaba que como se dicen las cosas en Tarahumara, y ahí se andaba, repitiendo las palabras en Tarahumara”, dice Martín sobre el padre Joaquín Mora. La explicación del chico rarámuri se proyecta en una lona blanca dentro de la parroquia de San Francisco Javier. Se trata de un fragmento del documental “Yamiwé, las huellas de Javier y Joaquín”.

Realizado y producido por el estudiante jesuita Sergio Ruiz Velasco de Alba y el padre Esteban Cornejo, el documental recopila testimonios de las personas que compartieron su vida con los sacerdotes jesuitas en la comunidad de Cerocahui.

“El recuerdo más bonito que tengo son los paseos que tuve con él”, comparte Margarita, mujer rarámuri de Cerocahui, sobre el padre Javier Campos.

“Gritaba fuerte, tenía bien macizo el corazón”, agrega Quirino.

“Nos hacia mucho reír porque salía con sus ocurrencias (…) sentía esa seguridad con él de que no me iba a juzgar, que estaba ahí para acompañarme”, comparte Vicky sobre el padre Mora.

El documental también ilustra la reacción de las autoridades mexicanas y la comunidad internacional ante los asesinatos, y como cambió la situación de seguridad en Cerocahui después de los hechos.

Los habitantes hablan sobre como en la comunidad se escuchaba a diario que mataban a personas de rancherías cercanas. Tras la llegada de la Guardian Nacional y la Policía Estatal, que forman parte de las medidas de protección que otorgó en 2023 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a los jesuitas en Cerocahui, se comenzó a sentir “libertad”, aseguran en los testimonios.

“Pero es una paz que sabemos que no es absoluta, que hay que trabajar por ella”, señala el jesuita Esteban Cornejo, uno de los padres que actualmente atiende la parroquia.

En este enlace puedes ver una versión corta y pública del documental.

Luego del documental, se veló toda la noche del miércoles y la madrugada del jueves en el templo de Cerocahui. Fue ahí donde se realizó el Nutema, una ceremonia tradicional rarámuri en la que se canta y baila para las almas difuntas. En el ritual, se ofrece tesgüino, bebida tradicional que surge a partir de la fermentación de maíz. También se preparan hierbas medicinales para ofrecerlas como ofrenda.

En misa, piden que Sheinbaum no olvide el compromiso por la paz

Durante la misa del jueves, la Compañía de Jesús (organización religiosa a la que pertenecieron los padres jesuitas Campos y Mora), hicieron un llamado a la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, por mantener el diálogo para reconstruir la paz en la Sierra Tarahumara.

En ese sentido, recordaron la firma de Sheinbaum en marzo sobre el Compromiso por la Paz, un documento integrado por 117 iniciativas enfocadas a combatir la violencia y la descomposición social. En Chihuahua, candidatos y candidatas de los municipios serranos, firmaron el mismo plan en la parroquia de Cerocahui a mediados de marzo.

“Hoy, le seguimos tomando la palabra para continuar este camino por la paz, que tanto necesita México. Como iglesia, seguimos esperando que pronto nos podamos reunir con ella para analizar nuestros diagnósticos“, subrayó el padre jesuita José Méndez.

Méndez también habló de la crisis de desapariciones en el país y como este debe ser un tema prioritario para la nueva administración de gobierno federal. Recordó como se vivieron las 48 horas después de los asesinatos de Mora y Gallo, en las que no se encontraban sus cuerpos.

“Experimentamos la misma incertidumbre que viven diariamente más de 100 mil familias en México que buscan sin cesar a sus familiares desaparecidos, (…) los obstáculos para conseguir justicia son numerosos, jurídicos, sociales y criminológicos, y esta situación perpetúa la impunidad”, señaló el padre Méndez.

Tanto en la caravana, como en la misa, estuvieron presentes algunos familiares del padre Javier Campos, entre ellos, su hermana. Esta última agradeció el cariño y la solidaridad que tuvieron las comunidades de la Sierra Tarahumara con El Gallo en vida. Uno de sus sobrinos compartió su canto “de gallo”, tal como lo hacía su tío, y por el cual había ganado su apodo.

A la misa asistió también Enrique Rascón, titular de la Secretaría de Comunidades y Pueblos Indígenas; Gilberto Baeza, secretario de Salud de Chihuahua; y Francisco Hugo Gutiérrez Dávila, secretario de Educación y Deporte; este último en representación de la gobernadora María Eugenia Campos Galván, quien no acudió en la ceremonia.

Justicia a medias

Para Jesús Reyes, padre jesuita sobreviviente del ataque de Noriel Portillo aquel 20 de junio del 2022, la justicia por el caso sigue a medias.

“No fue la manera (…) le debía tocar a la autoridad civil, no a los compañeros (criminales)”, afirmó Jesús en entrevista con Raíchali. El cuerpo de José Noriel Portillo Gil fue encontrado en marzo del año pasado en Choix, Sinaloa.

Al día de hoy, no termina de haber justicia por las actividades de Noriel aquel fatídico día. Apenas el pasado viernes 14 de junio, la Fiscalía General del Estado detuvo en la ciudad de Chihuahua a Carlos C.R., quien fue lugarteniente del líder criminal y participó en el secuestro de Paul y Armando Berrelleza. Este 20 de junio fue vinculado a proceso.

Jesús señala que se le debe poner una atención especial a la Sierra Tarahumara por la situación de desplazamiento forzado e inseguridad en la zona.

“Hay muchos intereses económicos y políticos, en el bosque, por la cerveza, la droga (…) sigue habiendo peligro”.

A pesar de lo sucedido, el padre asegura que seguirá con su actividad pastoral con normalidad en Cerocahui.

Este contenido es publicado por YoCiudadano con autorización de Raíchali. Da clic aquí para ver el original.