En los últimos años, el grupo encabezado por Jesús Holguín ha logrado plantar entre 300 y 350 árboles en las etapas 7 y 8 de Riberas del Bravo. La comunidad ha ido de parque en parque trabajando por espacios dignos para la comunidad.
Por Abraham Rubio / YoCiudadano
Ciudad Juárez, Chihuahua.– Jesús Holguín Pérez, habitante de la etapa 7 de Riberas del Bravo desde hace más de 20 años, ha sido testigo de la transformación lenta y a menudo dolorosa de su colonia.
Cuando llegó, la situación era de completo abandono: las calles eran difíciles de transitar, había muchas casas abandonadas y, con altos niveles de delincuencia, la colonia era catalogada por la gente como un área “crítica” o “peligrosa”.
Lo más desolador era el estado de las áreas verdes y los parques, que en aquel entonces parecían basureros, invadidos por montones de basura y hierbas, recuerda Jesús, por la falta de atención gubernamental y la apatía de algunos vecinos por mejorar su entorno.
Sin embargo, en el parque donde más tarde iniciaría su lucha, hubo un guardián silencioso, un hombre de la tercera edad que se encargaba de limpiar, regar los árboles y hacer todo lo necesario para la forestación del lugar.

Ver ese esfuerzo motivó a Jesús y su familia a ayudarlo ocasionalmente con algunas actividades pesadas para él. Sin embargo, cuando llegó la pandemia por Covid-19, la familia del vecino decidió llevárselo a vivir con ellos debido a su avanzada edad. El parque quedó sin su cuidador.
Fue entonces que un día Jesús, saliendo a la tiendita de la esquina, se detuvo y notó la cruda realidad: el espacio se había convertido, otra vez, en un basurero.
Al llegar a casa, le comentó a su esposa la urgencia de limpiar el parque. Él sugirió esperar al fin de semana, pero ella, impulsada por una determinación inmediata, le respondió: “No, no, de una vez. Vámonos”. Desde ese día, no han parado.
Una lucha constante contra la indiferencia
El trabajo comunitario iniciado por Jesús se encontró inmediatamente con retos. Aunque su labor buscaba mejorar el entorno, la indiferencia, y a veces la hostilidad, de otros vecinos era palpable.
Jesús recuerda con frustración estar limpiando mientras la gente, con toda intención, tiraba su basura en el parque. “Estaban viendo que estábamos limpiando y me dejaban caer así la basura: era muy estresante, me daba mucho coraje ver que hacían eso”.
Además, enfrentó el reto del desprestigio dentro de la comunidad, pues se rumoraba que a él le pagaban por el trabajo o que se quedaba con los recursos destinados a los vecinos. Sin embargo, poco a poco la gente se fue dando cuenta de que su esfuerzo era genuino y que buscaba apoyar a la comunidad.

Hoy dedica su tiempo libre al trabajo comunitario y a veces llega a su casa hasta las 8 o 9 de la noche, pero confiesa haber encontrado en este trabajo comunitario una satisfacción personal inmensa.
Con el tiempo, la iniciativa logró expandirse al encontrar más gente que compartía el gusto por mejorar los espacios y darle otra imagen a Riberas del Bravo. Actualmente, la red de apoyo incluye hasta 40 vecinos que se reúnen y apoyan el trabajo en la etapa 7 y 8 del fraccionamiento.
Trabajan por un futuro con sombra
La transformación que han logrado en los parques ha sido muy buena, cuenta Jesús, y lo que antes parecían basureros que se extendía por Riberas el Bravo, ahora tienen vida gracias a la limpieza y el trabajo de reforestación que han llevado a cabo en nueve parques de las etapas 7 y 8.
En los últimos años, el grupo ha logrado plantar entre 300 y 350 árboles, la mayoría donados por la Dirección de Parques y Jardines. Además han contado con el acompañamiento de la organización de la sociedad civil Juárez Limpio.
Más allá del valor estético, Jesús está convencido de que plantar árboles tiene un propósito muy claro: garantizar el derecho a la sombra de las futuras generaciones.

El sol en Juárez es fuerte y se necesitan espacios donde descansar, aunque sea por 15 o 20 minutos, señala. Los árboles que han plantado son pequeños, pero la sombra que proveerán en un futuro generará un cambio muy grande.
Jesús siente que está poniendo, aunque sea, “un granito de arena” para mejorar el medio ambiente, y de paso reforzar los lazos comunitarios que se han formado:
“Algunos nos conocíamos de vista nada más, y ahorita no, ya tenemos más convivencia; aparte de esas reuniones que tenemos aquí, nos organizamos para tener convivios en casa de uno y de otro. Entonces se han formado buenos valores, buenas convivencias con los vecinos”, comentó.
Esta comunidad ha sido catalogada por otros como una especie de “guerreros ecológicos” que van de parque en parque trabajando por espacios dignos para la comunidad.
Jesús sueña con ver la etapa 7 y 8 de Riberas del Bravo convertidas en áreas más verdes, con más parques y más árboles. La meta principal de él y la comunidad formada es generar conciencia en la comunidad y que la gente se dé cuenta de que tener árboles es necesario.




