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Salvaron un terreno municipal y construyeron el primer parque para infancias neurodivergentes

El comité de vecinos busca ahora una segunda fase para Parque Sensorial Rochorí, que incluya un domo y aparatos de ejercicio para adultas y adultos, para que el espacio pueda utilizarse a cualquier hora del día y en cualquier estación del año.

Salvaron un terreno municipal y construyeron el primer parque para infancias neurodivergentes

Redacción / YoCiudadano / Con información de Claudia Arreola

Ciudad Juárez, Chihuahua.– Las familias de distintas colonias de Ciudad Juárez llegan a un parque donde sus hijos e hijas pueden jugar sin que nadie los mire diferente. Los juegos están ubicados a casi 100 metros de la calle para que el ruido del tráfico no los altere y hay un laberinto donde las infancias con autismo se sienten seguras. Visto desde el cielo, los juegos tienen la forma de un colibrí.

El Parque Sensorial Rochorí, en el fraccionamiento La Sarzana, es el primer parque diseñado para infancias neurodivergentes en el Juárez; un espacio resultado de la resistencia ciudadana y cinco años de gestión ante el Gobierno Municipal para lograr que el proyecto se ejecutara.

Hoy, para las familias que asisten al Rochorí el espacio funciona como una sala de terapia gratuita al aire libre, pero también la muestra de lo que se puede lograr cuando la ciudadanía se organiza.

Tres días para salvar el terreno

En el fraccionamiento La Sarzana, hay un terreno que muchas familias veían todos los días sin saber que les pertenecía, una donación que la empresa Brasa había hecho al municipio como contraprestación por la autorización para construir las cuatro cerradas del fraccionamiento, pero que durante años permaneció baldío y sin uso comunitario.

La situación cambió un lunes por la tarde, cuando en una sesión previa al Cabildo municipal, integrantes de la Red de Vecinos de Juárez detectaron que el terreno estaba a punto de ser vendido a Raúl Rodríguez Santillanes, ex director de Servicios Públicos durante la administración de Armando Cabada, a un precio que vecinas y vecinos describieron como irrisorio.

La venta, programada para ser votada en la sesión del Cabildo del miércoles de esa misma semana, se había preparado sin consultar a la comunidad, omitiendo el requisito legal de obtener la anuencia de los fraccionamientos colindantes.

Gabriela Orozco en el terreno en disputa. Foto: cortesía.
Gabriela Orozco en el terreno en disputa. Foto: cortesía.

La Red de Vecinos de Juárez alertó de inmediato a Gabriela Orozco, su contacto en La Sarzana, quien organizó a vecinas y vecinos de las cuatro cerradas del fraccionamiento –Siena, Triento, Volterra y Genova– y recolectó más del 90 por ciento de las firmas de no anuencia vecinal. El martes por la tarde fueron entregadas la firmas a la Dirección General de Desarrollo Urbano.

A las 10 de la mañana del miércoles, las vecinas convocaron una rueda de prensa frente al terreno, donde colocaron una manta exigiendo que no se vendiera: dos horas después, en sesión de Cabildo, el punto fue retirado del orden del día por el propio presidente municipal.

En tres días, la comunidad impidió la venta de un terreno público, y es que, aunque la donación había superado el plazo de cinco años que en principio impedía la venta, la ley seguía exigiendo la anuencia de los colindantes para cualquier enajenación del predio, algo que pudieron conseguir las y los vecinos.

Gabriela recuerda que lo más significativo de esos días no fue únicamente salvar el terreno, sino descubrir que cuatro fraccionamientos que vivían aislados podían organizarse en menos de 24 horas.

Lo que vino después, cuenta, fue igual de importante: se convirtieron en una comunidad.

Cinco años para construir un parque

En 2022, la comunidad La Zarzana presentó por primera vez ante el Presupuesto Participativo municipal un proyecto de parque para el terreno. El proyecto ganó la votación, sin embargo, al momento de ejecutarlo las autoridades municipales informaron que una parte del predio se encontraba en zona baja, susceptible de inundaciones, era necesario instalar un pozo de absorción antes de construir.

Orozco firmó su aprobación para que se realizara el pozo en lugar del parque, pero el pozo nunca se ejecutó.

Al año siguiente, cuando la comunidad volvió a presentar el proyecto del parque, las dependencias respondieron que primero debía construirse una calle. El proyecto de pavimentación se presentó, ganó y se ejecutó en 2023, pero el pozo seguía pendiente.

En 2024, el comité vecinal presentó el proyecto del parque en su versión completa, con una solicitud de 7 millones de pesos, y ganó. Pero el pozo aprobado en 2022, con una asignación de alrededor de 2 millones de pesos, seguía sin ejecutarse.

Cuando las dependencias propusieron fusionar ambos recursos en una sola obra, las vecinas se negaron, puesto que el pozo ya tenía su propio presupuesto y no dejaron que la autoridad lo fusionara. Finalmente, ambos proyectos avanzaron por separado.

Foto: cortesía.
Foto: cortesía.

Para el diseño del parque, el comité vecinal contó con el apoyo de Mónica Cuvelier, catedrática del programa de Diseño de Interiores de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), quien diseñó el espacio pensando en las infancias neurodivergentes.

La coordinadora de incidencia de la Red de Vecinos, Claudia Arreola Pérez, explica que el proyecto contempló que los juegos estuvieran ubicados a 100 metros de la calle para reducir el impacto del ruido del tráfico, la instalación de un laberinto para estimular la sensación de seguridad en las infancias con autismo y una distribución de andadores y zonas de estimulación acordes a las necesidades del espectro autista.

Gabriela Orozco, vecina y madre de un joven con autismo, y Lourdes Cortés, pediatra y vecina de La Sarzana, trabajaron de manera directa con la Dirección General de Obras Públicas para trasladar esas especificaciones al proyecto ejecutivo.

El resultado fue el Parque Sensorial Rochorí –codorniz, en rarámuri. Visto desde el cielo, los juegos tienen la forma de un colibrí. De acuerdo con integrantes del comité vecinal, el Rochorí es el primer parque diseñado específicamente para infancias neurodivergentes en el estado de Chihuahua.

Comité de vecinos vigilan obra. Foto: cortesía.
Comité de vecinos vigilan obra. Foto: cortesía.

Un espacio libre para las familias

Desde su inauguración, el espacio de recreación para las familias de La Sarzana se convirtió en un punto de encuentro para familias con integrantes neurodivergentes de distintas colonias de la ciudad.

Coordinados por Gabriela Orozco y Lourdes Cortés, el comité vecinal organiza recorridos mensuales por el parque bajo el nombre de Tribu Rochorí, en los que la pediatra explica a las familias qué función cumple cada elemento, qué área del cerebro estimula cada juego y qué beneficios aporta el equilibrio.

Recorridos de la Tribu Rochorí. Foto: cortesía.
Recorridos de la Tribu Rochorí. Foto: cortesía.

Como resultado, la ciudadanía ha comenzado a ver el espacio no solo como un parque sino como una extensión de los procesos terapéuticos de sus hijos e hijas. De acuerdo con Gabriela, algunas familias han reducido la frecuencia de sus terapias privadas al encontrar en el Rochorí un complemento accesible.

Por otra parte, sostiene que el parque representa para muchas familias un espacio de libertad emocional, donde las infancias neurodivergentes pueden moverse con naturalidad sin sentirse observados ni juzgados, y sus madres y padres descansan de la presión social que con frecuencia enfrentan en otros entornos.

La comunidad entre padres de familia es tal que intercambian información sobre neurólogos, medicamentos y estrategias de atención, construyendo redes de apoyo mutuo que van más allá del espacio físico.

Aún quedan cosas por hacer

A pesar de los avances, el parque no está terminado. Una sección del terreno  permanece sin intervenir.

Gobierno del Estado manifestó interés en construir ahí una cancha de usos múltiples, pero el comité vecinal lo rechazó, porque los pelotazos y el ruido de una cancha alterarían a las infancias con autismo y una superficie impermeable agravaría la situación de una zona propensa a inundaciones.

Tras un diálogo con Obras Públicas del estado, las partes acordaron que la intervención será a cambio de un espacio de caminadores y aparatos de ejercicio para adultas y adultos, para que las familias puedan hacer actividad física mientras sus hijos e hijas juegan.

Por otra parte, el calor del verano representa otra limitación, debido a que los juegos se calientan al punto de dificultar su uso diurno, y el parque solo es accesible de manera al caer el sol.

Para atender esto, el comité vecinal participará este Presupuesto Participativo con un proyecto (folio #601) para instalar un domo o malla de sombra sobre los juegos.

Para Gabriela Orozco, la historia del Rochorí debe ser recordada como lo que fue: el triunfo de la ciudadanía organizada. El proceso tomó cinco años de vueltas, oficios y sesiones de Cabildo, pero la clave fue "insistir, resistir y nunca desistir".

El resultado es un parque que le pertenece a todas las familias de infancias neurodivergentes que lo necesitaban y que durante años no sabían que podían exigir.

Comité de vecinos en el Parque Rochorí. Foto: cortesía.
Comité de vecinos en el Parque Rochorí. Foto: cortesía.

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